Concepto de insuficiencia venosa crónica

Al comparar el conocimiento que en la actualidad se tiene de los sistemas arterial y venoso, se concluye que las arterias han sido mucho mejor estudiadas y su alteración más frecuente, la arterioesclerosis, mejor conocida y documentada. Tal vez sea porque su patología tiene una expresión clínica más llamativa y su cirugía, en base a técnicas de endarterectomías, by-pass, angioplastias, etc., es más atractiva para el
cirujano, y más espectacular en sus resultados. Ello explica tal vez porqué las informaciones y estudios sobre la fisiología venosa son mucho menores y que el manejo de sus enfermedades sea aún imperfecto. Probablemente, debido a esto, las enfermedades venosas han quedado imperceptiblemente relegadas a un segundo plano.
RECUERDA
A pesar de todo, la incidencia de patología venosa es inmensamente más frecuente que la arterial en la práctica clínica. Es preciso recordar, que de forma paradójica, históricamente el concepto de circulación
sanguínea se ha derivado de la circulación venosa. Es así como William Harvey, en el año 1600, basado en los estudios anatómicos de Fabricius, demostró que la sangre de las venas periféricas fluía en dirección centrípeta y que, en esta función, las válvulas desempeñaban un rol muy importante.
Las varices y su temida complicación, las úlceras, ya eran conocidas desde antaño. Los antiguos griegos llevaban a sus enfermos ante los sacerdotes del templo para solicitarles que rogaran a Esculapio por la curación de sus varices. Ya en el año 400 DC, los árabes entregaban una acertada recomendación acerca de su tratamiento que aún conserva vigencia: «Incida la piel, exponga la variz, pase un vástago por detrás de ella, tírela y extírpela»
Durante muchos años, la expresión clínica de la insuficiencia venosa crónica (IVC) fue considerada una enfermedad de la piel y, consecuentemente, tratada por dermatólogos. Homans, en 1916, fue el primero en señalar la relación entre las venas varicosas que aparecían como un fenómeno secundario a una tromboflebitis y una úlcera venosa. Linton, en 1938, resaltó la importancia de la insuficiencia de venas comunicantes en esta patología. Este autor señaló que, como consecuencia de una tromboflebitis, se producía una alteración importante del sistema valvular de las venas profundas que se traducía en su  insuficiencia. En 1944, Buxton recomendó la ligadura de la vena femoral como tratamiento de la ectasia venosa. Más adelante Bauer, en 1948, destacó la importancia de las válvulas de las venas poplíteas y femoral superficial. Schanzer, en 1982, planteó que en la insuficiencia venosa crónica, un 64% de los casos
corresponden a una incompetencia valvular, y no más del 36% restante son síndromes postflebíticos. Por otra parte, Kistner en 1979 y el propio Schanzer en 1989 han comunicado experiencias en que han tratado de corregir quirúrgicamente la insuficiencia venosa profunda mediante la reparación directa de las válvulas insuficientes.